La cultura gastronómica no solo es cultura
Ya es casi un lugar común hablar de que la gastronomía es cultura y, desde luego, es una aseveración bien cierta que nadie se atrevería a discutir a estas alturas, pero la “culturalización” de un bien – sobre todo, tan inmaterial como la gastronomía- plantea una cierta lejanía de ese elemento y puede incitar a una excesiva teorización. Dicho en plata, a veces no sabemos desde las instituciones o desde los ámbitos más privados cómo gestionar la cultura o qué hacer con ella para que no acabe en un museo o solo en nuestra memoria. La Carta Malacitana ha desarrollado un fantástico Decálogo para evitar este riesgo con nuestra gastronomía local.
Es por esto que en La Despensa de Málaga valoramos en tal alta medida asociaciones como “La Carta Malacitana” (http://lacartamalacitana.org/ ) y aplaudimos de tan buena gana una iniciativa como su “Decálogo sobre Cultura Alimentaria”. Este documento plasma de manera eficaz y -lo más valorable- de un modo concreto un clara hoja de ruta sobre cómo hay que pensar y repensar el fenómeno gastronómico local para que sea cultura, educación y, además, algo muy necesario en los tiempos que corren: motor de fomento económico dentro de un marco de ecosostenibilidad, transparencia, calidad y precios justos.

Como plasmación de estas intenciones, La Carta Malacitana convocó el pasado 26 de Abril a distintos colectivos, instituciones y fuerzas políticas en la Universidad Laboral para presentar y dinamizar el conocimiento de este Decálogo entre las personas que más pueden hacerlo suyo y fomentar su aplicación mediante ámbitos tan transversales pero activos como la política cultural, la agricultura, el turismo, la comunicación o el desarrollo local; desde alcaldes a bloggers pasando por productores ecológicos compartimos mesa, ideas y propuestas con La Carta Malacitana en un almuerzo que sirvió para poner en común distintas visiones y respaldos que -de seguro- darán sus frutos a muy distintos niveles.
Cultura y economía
Por nuestra labor en La Despensa de Malaga sabemos que no basta con calificar de cultura a la gastronomía y quedarse ahí, como hemos visto más de una vez, sino que hay que trazar rutas a través de las cuales la cultura se convierta en valor económico y vertebrador de una industria que produzca y de un consumidor que exija, distinga y valore lo que esa industria le ofrece. Por esto apoyamos tan firmemente un Decálogo como el de La Carta Malacitana: por saber aunar un necesario planteamiento teórico con una materialización de esos planteamientos en acciones y directrices concretas, algo absolutamente indispensable si queremos que la cultura se “coma” y dé de comer.
Y el ajoblanco del aperitivo, con sus almendritas gentileza de Almáchar, que nos tomamos, buenísimo.
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